La
traducción al castellano del neologismo inglés outsourcing viene
a ser la externalización de determinadas áreas funcionales.
Por tanto, aplicado con carácter general, no es un concepto
nuevo puesto que responde al acto mediante el cual una organización
contrata a un tercero para que realice un trabajo en el que está especializado,
con los objetivos de reducir costos y/o evitar a la organización
la adquisición de una infraestructura propia que le permita
la correcta ejecución del trabajo.
Outsourcing hace
referencia a la fuente externa de suministro de servicios; es decir,
la subcontratación de operaciones de una compañía
a contratistas externos. Con frecuencia se recurre al Outsourcing como
mecanismo para reducir costos, lo cual en algunos casos alcanza hasta
un 40%. Dicha subcontratación ofrece servicios modernos y especializados,
sin que la empresa tenga que descapitalizarse por invertir en infraestructura.
Más
allá de parecer un gasto adicional, la subcontratación
representa la oportunidad de dejar en manos de compañías
expertas la administración y el manejo eficiente y efectivo de
los procesos que no están ligados directamente con la naturaleza
del negocio y que, por el contrario, permite reducir costos y reorientar
los recursos internos e influir de manera significativa en su nivel de
competitividad.
En definitiva, no es un contrato a corto plazo; no se limita a una asesoría
puntual en un área de especialidad determinada; tampoco consiste
en la contratación de personal experto por un breve lapso para mejorar
puntos específicos del servicio.
Este servicio es una relación de largo plazo y va más allá del
apoyo puntual, como sucede en el caso de la Consultoría Legal. En
la medida que el volumen de transacciones de una empresa aumenta, aparece
la oportunidad de procesarlas afuera para hacer más flexible la
operación y es allí donde se empieza a dar el verdadero outsourcing.
El outsourcing podría definirse como un servicio exterior a la compañía
y que actúa como una extensión de los negocios de la misma,
pero que es responsable de su propia administración. También
se podría definir como la acción de recurrir a una agencia
exterior para operar una función que anteriormente se realizaba
dentro de una compañía.
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